Doble Amor de Benidorm, sin trabajo por la pandemia

En apenas unos meses han pasado de lavar hasta 10.000 kilos de ropa al día a ver cómo sus máquinas tenían que parar casi por completo ante la falta de clientes a los que dar servicio. La pandemia de covid-19 y todas las consecuencias derivadas de la misma, entre ellas el cierre de hoteles y restaurantes en la ciudad del turismo por excelencia, ha puesto sobre las cuerdas la lavandería industrial del centro especial de empleo Doble Amor de Benidorm, LIDA, un lugar de referencia para la inclusión laboral de personas con discapacidad en la Marina Baixa, con casi medio siglo de historia a sus espaldas.

«Estamos pasando un momento muy, muy complicado. Para nosotros el objetivo prioritario es salvar todos los puestos de trabajo, pero si esta situación se prolonga, no sabemos lo que aguantaremos». Así de contundente se muestra José Luis Calvo, miembro de la junta directiva de la Asociación Doble Amor, que gestiona esta lavandería y el centro ocupacional con el mismo nombre.

Después de recuperar a todos los trabajadores tras el levantamiento del estado de alarma, el centro Doble Amor se ha visto en la obligación de poner a prácticamente toda la plantilla fija de la lavandería, una treintena de personas que tienen distintos tipos de diversidad sensorial, física o intelectual, dentro de un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) para intentar, al menos, garantizar que puedan cobrar a fin de mes sus salarios, estipulados según el convenio del sector y que en ningún caso están por debajo de los 900 euros.

El resto, es decir, los que tenían contratos temporales, no han sido renovados, pese a que la junta directiva es muy consciente de las dificultades de estas personas para poder encontrar otro empleo. «Hay quienes incluso tienen este trabajo como la única fuente de ingresos en su unidad familiar», lamentan. Pero los números de la empresa no dan para atender salarios ni tampoco para muchos otros gastos.

Como ejemplo, basta con decir que, de tener contratos con ocho hoteles y varios restaurantes para lavarles a diario las mantelerías, sábanas, toallas, colchas y otro tipo de productos textiles, ahora mismo LIDA sólo mantiene convenios con dos alojamientos, cuya ocupación, además, ha caído en picado y no llega ni al 30%. El resto, mantienen sus puertas cerradas por falta de clientes. Así que su producción se ha desplomado en más de un 80% con respecto a las cifras que manejaban el pasado año. Y la caída de trabajo se traduce en una caída de ingresos que les hace inviable poder atender los gastos fijos de mantenimiento de la instalación. Doble emergencia

Los dirigentes del centro de empleo señalan que, además, este verano, pese a registrar algo más de trabajo, tampoco ha sido tan boyante como en años anteriores, lo que ha hecho que los ingresos también fuesen menores que otros años. «Venimos de un verano donde ha habido muchos menos hoteles abiertos y donde, además, los que han trabajado tampoco han estado llenos como siempre, sino a un cuarenta por cien. Hemos pasado de ser una empresa rentable, que funcionaba muy bien y creaba muchos puestos de trabajo –hasta 50 en temporada alta–, a no estar trabajando nada por culpa de este virus dichoso», lamenta José Luis Calvo.

Aunque el suyo no es un hecho aislado, ya que la situación se repite en muchos otros negocios que dependen del turismo, en el caso del Doble Amor la emergencia se da también por partida doble: la falta de actividad se une a la especial vulnerabilidad de sus trabajadores.

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